Soledad

Los segundos pasan, mi respiración se agita y mis piernas flaquean, pero no puedo parar. Si paro soy una cobarde. Sigo, me mareo, siento que todo da vueltas a mi alrededor, pero yo sigo. Por un momento pienso en detenerme, en parar, que ya he corrido bastante, pero, entonces, pienso en cada una de esas veces en las que me he detenido a verme en el espejo y sigo, sigo corriendo porque esa sensación de asco puede con todo. Sigo mareándome, me duele cada resquicio de mi cuerpo, se me cierran los ojos y caigo, caigo rendida ante el cansancio de quién lleva meses sin echarse algo a la boca.

Abro los ojos, las lágrimas se deslizan por mis ojos. El tornado irrumpió la calma de mi vida y ahora ando a contracorriente, la arena anubla mi mirada y yo que lucho para seguir andando caigo una y otra vez sin poderlo evitar. Me asusté la primera vez que salió sangre de mi garganta y sigo sin entender por qué este mes no vino mi querida compañera, la que nunca falla. Ahora me pregunto por qué no me puedo sostener en pie y por qué ahora me paso cuatro horas diarias haciendo deporte. “Solo me estoy cuidando un poco, solo eso”. Sigo en la cuerda floja de la vida, creyéndome gato con siete vidas y sí, con alguna que otra caloría. Supongo que nadie mencionó que la vida fuera fácil, pero subirse a una báscula treinta veces al día tampoco ayuda. De hecho, no entiendo por qué te estoy hablando con palabras si conozco más cuántas calorías tiene cada miga que ingieres que mi propio idioma. Vivo entre sombras de lo que creo que es y lo que es, intentando culpar a alguien por darme el motivo por el que sigo viviendo y el que me ha jodido la vida.

Nadie me entiende. Ellos que venían con una sonrisa al verme diciéndome que me veían más delgada, más guapa y ahora son los mismos que intentan convencerme que debo aumentar unos quilos más, supongo que me toman por tonta y creen que no voy a ser capaz de ver que mienten para que la resignación se apodere de mí. No ven que esto va mucho más allá. Ellos no ven el pánico que mis ojos esconden y mi alma grita, ni ven ese terror que estoy sintiendo aún sin yo saberlo. Ellos que se alejan de mí al mismo tiempo que quién yo creía que era se aleja de mí. Yo que me voy perdiendo y cada vez resulta más difícil reconocerme entre aquellas sombras e incertezas. Y yo, hecha un esqueleto y saboreando la muerte en vida, veo como mis siete vidas desaparecen y la media que me queda desvanece entre caloría. Yo que nunca había estado tan rodeada de gente, ahora puedo decir que nunca me había sentido tan sola.

 

 

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