Rasguñada

Siempre fui un tanto masoquista,

veía cómo abría la brecha

a la herida

y sin quitar los ojos de encima

dejaba que me abriese en canal.

 
Por él valía la pena

un alma rasguñada.

 
Pasaban los días

y ahí estaba,

tocaba la herida,

dolía y cuanto más dolía

más quería tocarla.

 
Algunos me llamarían masoquista,

Yo lo haría.

 
Pero la realidad

no era otra,

que

todo intento

de sentir cómo dolía,

 

era recordarme que

quién me decía que me quería

solo quería destrozarme una

y otra vez hasta convertirme

en lo que anteriormente

 

ya había sido…
añicos
añic…
añ…

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